La elaboración de alimentos funcionales capaces de modificar la composición
de la flora intestinal, aumentando el número de bacterias consideradas
beneficiosas para la salud puede realizarse bien mediante la utilización
de bacterias probióticas que no son destruidas durante su paso por el esto
mago e intestino delgado y llegan inalteradas al colon, donde ejercen su efecto
beneficioso o bien incorporando al alimento sustancias prebióticas, generalmente
carbohidratos, que no son digeridos en el estómago y al llegar al colon
favorecen selectivamente el desarrollo de las bacterias probióticas presentes
en el intestino.
El aumento de la flora probiótica intestinal se asocia con múltiples
efectos beneficiosos tales como prevención de cáncer, descenso
de niveles de colesterol y triglicéridos, y activación del sistema
inmunológico. Aunque es necesario profundizar en el conocimiento de los
mecanismos por los que los alimentos prebióticos y probióticos
ejercen tales efectos beneficiosos, el consumo de ambos tipos de alimento es
recomendado y avalado por numerosas publicaciones en revistas de reconocido
nivel científico.
La utilización de ingredientes prebióticos en la elaboración
de alimentos funcionales se inició hace más de cuarenta años
con el fin de aumentar la presencia de Bifidobacterias en el intestino de lactantes
alimentados con fórmulas infantiles. Los estudios llevados a cabo en
los últimos treinta años sobre los efectos del consumo de prebióticos
han puesto de manifiesto de modo inequívoco su capacidad de aumentar
considerablemente la presencia de bacterias probióticas en el intestino
humano. La utilización como medicamento de algunos prebióticos
tales como la lactulosa en tratamientos del estreñimiento crónico
y de la encefalopatía hepática está universalmente aceptada.
Actualmente se dispone de diferentes tipos de carbohidratos con propiedades
prebióticas tales como lactulosa, inulina, galactooligosacáridos
e isomaltooligosacáridos, cuya incorporación al alimento proporciona
productos estables durante el periodo de vida útil del alimento.
Respecto al consumo de alimentos probióticos, se ha descrito que mejora
la digestión de la lactosa en individuos con bajos niveles de lactasa
intestinal ya que la lactasa liberada por las bacterias facilita la asimilación
de la lactosa en el intestino delgado. Asimismo, diversos probióticos
han mostrado un efecto preventivo en los casos de diarrea asociada al consumo
de antibióticos.
Un aspecto importante a considerar respecto al consumo de probióticos
y prebióticos es la garantía de calidad que nos pueden ofrecer
ambos productos. En este sentido, un control por parte de la Administración
es una medida necesaria para garantizar dicha calidad. En el caso de alimentos
prebióticos, la determinación del contenido en el componente prebiótico
no presenta mayores dificultades ya que el reducido número de prebióticos
disponibles en el comercio está perfectamente caracterizado. Sin embargo,
deberían regularse las cantidades mínimas del compuesto activo
que debe tener un alimento prebiótico de modo que se garantice un efecto
positivo apreciable.
Por lo que se refiere a alimentos probióticos el tema es más
complejo. Las investigaciones realizadas sobre los microorganismos considerados
probióticos muestran que existen diferencias notables entre cepas de
un mismo microorganismo.
Asimismo, estudios llevados a cabo en diferentes países sobre productos
comercializados como probióticos han puesto de manifiesto que muy pocos
contienen realmente los microorganismos que se indican en el etiquetado.
En resumen, tanto los productos probióticos como los prebióticos
pueden proporcionar efectos beneficiosos para el consumidor pero es necesario
establecer una reglamentación precisa y un control analítico por
parte de la Administración que garantice al consumidor la calidad de
los productos.