¿Qué es la intolerancia a la lactosa?
La intolerancia a la lactosa es la incapacidad de digerir cantidades significativas
de lactosa, el glúcido predominante de la leche. Esta incapacidad se debe
a la carencia en mayor o menor grado de ß-galactosidasa (lactasa), una enzima
producida por las células de la pared del intestino delgado. La lactasa,
presente ya desde el nacimiento en el cuerpo humano, se encuentra en la zona más
apical de las vellosidades intestinales, rompiendo el azúcar de la leche
en dos formas más simples que así pueden ser absorbidas en la corriente
sanguínea. Cuando no hay suficiente cantidad de lactasa para digerir la
cantidad de lactosa consumida, los resultados, si bien no suelen ser peligrosos,
pueden ser muy desagradables. Aunque no todas las personas con deficiencia en
lactasa tienen síntomas, aquellas que los sufren son consideradas como
intolerantes a la lactosa.
La lactosa es un disacárido reductor compuesto de glucosa y de galactosa,
que se encuentra presente en la leche y en los productos lácteos. Su
valor medio es de 70 g/l en la leche humana y de 45 g/l en la leche de vaca.
Tras la ingestión de lactosa en un cuerpo incapaz de digerirla, aparecen
síntomas en el tracto digestivo como dolor abdominal, nauseas, distensión
del abdomen, flatulencia y diarrea, pudiendo aparecer pérdida de peso
y malnutrición. Dichos síntomas comienzan entre 30 minutos y 2
horas después de comer o beber alimentos que contienen lactosa. El grado
de severidad de los síntomas depende de la cantidad de lactosa que cada
individuo pueda tolerar.
Algunas de las causas de intolerancia a la lactosa son bien conocidas. Por
ejemplo ciertas enfermedades digestivas y lesiones en el intestino delgado pueden
reducir la cantidad de lactasa producida. Esto ocurre en casos de infecciones
víricas o parasitarias y por hiperproliferación bacteriana y cuando
se dan enfermedades inflamatorias intestinales, enfermedades celíacas,
intolerancia a las proteínas de la leche de vaca, hipermotilidad intestinal,
alcoholismo crónico con malnutrición y enteropatía asociada
al SIDA. En raras ocasiones hay niños que nacen sin la habilidad de producir
lactasa, pero en la mayoría de los casos la deficiencia en lactasa es
algo que se desarrolla naturalmente a lo largo del tiempo. Después de
cumplir los 2 años de edad, el cuerpo comienza a producir menos cantidad
de esta enzima, sin embargo, la mayoría de las personas no experimentan
los síntomas típicos de la hipolactasia hasta que son mayores.
En ocasiones la intolerancia a la lactosa puede confundirse con una alergia
a la proteína de la leche por la similitud de los síntomas.
En Europa, la frecuencia de individuos deficientes en lactasa varía
dentro de amplios límites. Alrededor del 15% de la población española
es intolerante a la lactosa, si bien no se encuentran cifras oficiales, ya que
existen muchos casos de intolerancia a la lactosa de distinta intensidad sin
diagnosticar, al no considerarse como una patología. Se sabe que hay
ciertos grupos étnicos donde la incidencia es mucho mayor (el 75% de
los afro-americanos y el 90% de los asio-americanos son intolerantes a la lactosa).
En realidad, lo normal es que se produzca una disminución progresiva
de la actividad lactásica del borde en cepillo del intestino delgado
a partir de los dos años de edad en adelante. Por este motivo, se ha
sugerido la idea de que en las zonas ganaderas tradicionales se produzca una
selección genética mediante la cual los habitantes de estas áreas
suelen presentar una modificación genética, que conlleva la persistencia
de la actividad lactásica toda la vida. De este modo, estos individuos
se ven favorecidos, sobreviviendo en épocas en las que la leche esté
fácilmente al alcance de la mano y otros productos alimenticios sean
más difíciles de conseguir.
¿Cómo se diagnostica la intolerancia a la lactosa?
Los tests más utilizados para medir la absorción de lactosa en
el sistema digestivo son el test de tolerancia a la lactosa, el test de acidez
en las heces y el test de hidrógeno en la respiración. Estos tests
pueden ser realizados tanto en hospitales, como en centros de salud, o en clínicas
privadas.
El test de tolerancia a la lactosa comienza con el individuo
en ayuno. Se le da entonces un líquido que contiene lactosa y se toman
varias muestras de sangre en un periodo de unas 2 horas para medir el nivel
de glucosa en sangre (azúcar en sangre), que indica la capacidad de digerir
la lactosa. En caso de existir intolerancia, la glucosa en sangre aumenta menos
de 25 mg/ 100 ml de suero en relación con el nivel de ayuno y pueden
aparecer síntomas gastrointestinales.
Normalmente, cuando la lactosa alcanza el sistema digestivo, la enzima lactasa
rompe la lactosa en glucosa y galactosa. El hígado transforma entonces
la galactosa en glucosa, la cual entra en el torrente sanguíneo y se
alcanza el nivel de glucosa en sangre del individuo. Si la lactosa no es completamente
transformada en los dos azúcares mencionados, no se alcanza el nivel
esperado de glucosa en sangre y entonces podemos firmar que existe intolerancia
a la lactosa.
El test de hidrógeno en la respiración mide,
como su propio nombre indica, la cantidad de hidrógeno que se detecta.
Sin embargo, la lactosa no digerida sufre una fermentación bacteriana
en el colon, produciéndose varios gases, entre ellos el hidrógeno.
Dicho gas se absorbe en el intestino, pasa a la corriente sanguínea,
llega a los pulmones, siendo entonces exhalado. En este test, el paciente toma
una bebida que contiene lactosa, y se analiza la respiración a intervalos
regulares. Niveles elevados de hidrógeno en la respiración indican
una digestión deficiente de lactosa. Ciertas comidas, medicamentos y
el tabaco pueden alterar la fiabilidad del test, por lo que deben de ser evitados
antes de someterse al mismo. Este test se puede realizar tanto a adultos como
a niños y sirve para diferenciar la intolerancia a la lactosa de la alergia
a la leche.
El test de tolerancia a la lactosa y el test de hidrógeno en respiración
no se aplican normalmente a recién nacidos ni a niños muy pequeños
ya que una carga excesiva de lactosa puede ser muy peligrosa para este grupo
poblacional que es el que está más predispuesto a una deshidratación
provocada por una diarrea causada por la lactosa. Si estos niños experimentan
los síntomas típicos de intolerancia a la lactosa, muchos pediatras
simplemente recomiendan cambiar la lecha de vaca por leche de soja o leches
con bajo contenido en lactosa y esperar a que los síntomas remitan.
Si es necesario, se puede realizar el test de acidez en las heces.
La lactosa no digerida y fermentada en el colon crea ácido láctico
y otros ácidos grasos de cadena corta que pueden ser detectados en una
muestra de heces. Además, podemos encontrar glucosa en la muestra debido
a la lactosa no absorbida en el colon.
Por último, si es necesario, existe la posibilidad de realizar una biopsia
intestinal.
¿Cómo se trata la intolerancia a la lactosa?
Afortunadamente la intolerancia a la lactosa es muy fácil de tratar.
No existe ningún tratamiento para aumentar la habilidad del organismo
para producir lactasa. Sin embargo, los síntomas pueden ser fácilmente
controlados a través de la dieta.
Los niños con deficiencia en lactasa no deberían tomar alimentos
que contengan lactosa. La mayoría de los jóvenes y de los adultos
no necesitan evitar la lactosa completamente, pero la cantidad de lactosa que
pueden tolerar varía entre los distintos individuos. El control de intolerancia
a la lactosa a través de la dieta depende del aprendizaje de cada persona
a través de ensayos de prueba y error.
Para aquellos que reaccionan frente a cantidades muy pequeñas de lactosa
o tienen problemas para limitar la ingesta de alimentos que contengan lactosa
existen leches con bajo contenido en lactosa. Estas leches están disponibles
en prácticamente todos los supermercados y contienen todos los nutrientes
que se encuentran habitualmente en la leche normal, permaneciendo fresca durante
el mismo tiempo que ésta.
¿Cómo equilibrar la dieta?
La leche y demás derivados lácteos constituyen una de las mayores
fuentes de nutrientes en la dieta española. El más importante
de esos nutrientes es el calcio, ya que éste en la leche y derivados
lácteos presenta una alta biodisponibilidad. El calcio es esencial para
el crecimiento y el correcto desarrollo de los huesos. En adultos y en ancianos,
una disminución de ingesta de calcio da lugar a huesos delgados, frágiles
y que se rompen fácilmente (es lo que se denomina osteoporosis). Por
consiguiente, tanto niños como adultos que padezcan intolerancia a la
lactosa, deben de asegurarse el ingerir el calcio suficiente a través
de la dieta.
En este sentido, hay que recalcar que la inclusión frecuente en la dieta
de algunos tipos de queso, como el manchego y el roquefort constituyen una buena
fuente de calcio con un mínimo contenido de lactosa. Asimismo, se puede
optar por el yogur para el aporte de calcio ya que suele ser tolerado como consecuencia
de la ß-galactosidasa microbiana que facilita la digestión de la
lactosa en el intestino.
Existen una serie de recomendaciones de ingesta diaria de calcio. Dichas recomendaciones varían según el grupo poblacional:
Grupo edad |
(mg/día) |
Recién nacidos
(0-5 meses) |
400 |
Recién nacidos
(5-12 meses) |
600 |
Niños de 1 a
3 años |
800 |
Niños e 4 a
6 años |
800 |
Niños de 7 a
10 años |
800 |
Hombres de 11 a 14
años |
1.200 |
Hombres de 15 a 18
años |
1.200 |
Hombres de 19 a 24
años |
1.200 |
Hombres de 25 a 50
años |
800 |
Hombres de mas de 51
años |
800 |
Mujeres de 11 a 14
años |
1.200 |
Mujeres de 15 a 18
años |
1.200 |
Mujeres de 19 a 24
años |
1.200 |
Mujeres de 25 a 50
años |
800 |
Mujeres de mas de 51
años |
800 |
Gestación |
1.200 |
Lactancia (primer trimestre) |
1.200 |
Lactancia (2º
trimestre) |
1.200 |
Food and Nutricion Board, nacional Academy of
Sciences National Research Council, USA. Aportes diarios recomendados (RDA) 1989
Es importante tener en cuenta que el calcio solamente se usa y es absorbido cuando
existe suficiente cantidad de vitamina D en el organismo. Dicha vitamina se encuentra
en cantidades importantes en la leche, sin embargo, esta fuente natural de vitamina
D no puede ser utilizada por aquellas personas intolerantes a la lactosa.
Es conveniente resaltar que existen ya en el mercado leches con bajo contenido
en lactosa que permiten a dichas personas el tomar los nutrientes, tan esenciales,
que la leche contiene.
¿Qué es la Lactosa Escondida?
Aunque la leche y los alimentos elaborados a partir de ella son las únicas
fuentes naturales, la lactosa es a menudo añadida a alimentos preparados.
Es importante tener en cuenta que hay muchos productos de consumo diario que
pueden contener lactosa como por ejemplo:
- Purés y sopas elaborados o enriquecidos con leche o derivados lácteos.
- Quesos frescos y fermentados.
- Fiambres que contengan productos lácteos.
- Sucedáneos de los huevos, por ejemplo, los que intervienen en batidos,
flanes, etc.
- Todo alimento elaborado con leche o productos lácteos, como el puré
de patatas.
- Todo producto de bollería que contenga leche o derivados lácteos,
crepes, bollos, bizcochos, galletas, pastas.
- Todos los productos precocinados o preparados con adición de derivados
lácteos.
- Mantequilla, nata, margarinas que contengan derivados lácteos.
- Y un largo etc. de productos de uso diario.